Me acuesto indio y me mimetizo con mi amada; me vuelvo negro o español, me entrego a este suelo. Duermo. Cambian los oxidos y los frutos, los ruidos, la piel, la memoria. Me acuesto mestiza y me congelo, esperando, se llena un lago sobre mi, gris acero. Muchos están a mi lado buscando, como yo, una perspectiva más llana. Y el agua combina nuestros pigmentos: sepia, sanguína, ocre, marfil... Una identidad reposa bajo el gran espejo esmerilado por expediciones a pie o con pluma. Los ensayos y teorías se cruzan cortando el aire... resentimientos y agradecimientos... Observamos. Germinan perlas de los espejos, producen ondas, se engastan petroglifos, copian relieves y se labran accidentamente en la geografía los extraños encajes que visten de fantasía un lenguaje.
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hace 1 año